Paris ciudad sin Humo
Lunes, 15 Septiembre 
El vicio es más fuerte que el frío. Desde que el gobierno francés prohibió el fumar dentro de cualquier lugar público y cerrado a comienzos de este 2008, los 12 millones de fumadores en Francia han tenido que llevar su humo a las calles y banquetas.
Si no fuera porque estamos presenciando un mórbido espectáculo masivo en el que los fumadores se matan lentamente con cada chupada de nicotina -un mortal teatro kabuki- sería chistoso verlos tiritando de frío mientras con dos nerviosos dedos acercan el cigarrillo a un par de expectantes labios entreabiertos.
Besar y fumar, en un principio, se parecen. Se inician abriendo ligeramente la boca. Sin embargo, uno grita sensualidad y, otro, pestilencia. No debe haber nada más vomitivo, repelente y asqueroso que besar a alguien que fuma.
Las expresiones de alivio, después cada fumada, nos hacen creer que el fumador estás más cerca de la felicidad que el resto de los mortales. Pero en realidad está más cerca de la muerte. Aquí vienen las cifras.
Cada día, en promedio, mueren alrededor de 200 franceses debido a problemas causados por el cigarrillo, de acuerdo con cifras oficiales publicadas por el diario International Herald Tribune. Son 70 mil muertes prevenibles cada año.
Aunque es imposible, por ahora, pensar en Francia sin cigarros.
Es un cliché que mata y se resiste a morir. ¿Hay acaso imagen más francesa que la de tomar un café con un cigarrillo al lado mientras se ve al mundo pasar?
